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viernes, 13 de noviembre de 2009

Los orígenes de la Biblioteca Pública de Buenos Aires

Si París bien vale una misa; la tesis doctoral del colega Alejandro Parada, cuyo título es el de esta entrada, merece una lectura concienzuda, una relectura gozosa y una reseña bibliográfica, como la que aquí vamos a intentar.
En primer lugar, es justo y sensato afirmar que su lectura debería ser obligatoria para los docentes que se quieran adentrar en los meandros de nuestros orígenes bibliotecarios. ¿Y porqué la recomendación a nuestros profesores? Simplemente, porque son ellos los responsables de aceitar en forma permanente la correa de transmisión del conocimiento. Porque el libro está llamado a servir de material de consulta por muchos años y a muchas generaciones de bibliotecarios. Porque tenemos bibliografía calificada sobre la historia del libro y de las bibliotecas con ilustres predecesores: Escolar, Rosarivo, Millares, Nep, etc., como también tenemos muchos historiadores que han reseñado acerca de los albores de nuestra patria, y nos han mostrado los dolores de parto que todo nacimiento, conlleva.
Pero A. Parada, ha tomado elementos de muchas disciplinas (bibliotecología, bibliografía, historia de la lectura, historia de los procesos socioculturales, etc.), y aporta información original, investigando en las fuentes primarias de nuestros abandonados archivos y repositorios documentales, cuyo fruto es una obra equilibrada, amena, y a la vez, erudita.
El primer impulso de los lectores de esta entrada, será pensar: "Rubí exagera..." Los invito a la lectura del libro, a aprehender el texto serena y objetivamente. ¿Queremos saber porque los bibliotecarios argentinos somos de esta manera? Pues miremos el embrión. En aquellos orígenes está el germen, pura potencialidad, de lo que somos hoy en día. Si intentáramos comparar aquella situación y ésta, 200 años después, nos aquejan problemas similares. Como muestra, el mal endémico que siempre se hace presente: la escasez de recursos. Eso no ha variado. Lo que se desprende de la lectura de "Los orígenes de la Biblioteca Pública..." es la voluntad de construcción que animaba a aquellos patriotas. La Primera Junta interpretó los reclamos de la sociedad en su demanda de instrucción, y contra viento y marea, creó esa primera biblioteca. Quizás su lectura sirva como disparador para pensar si a nosotros, en los comienzos del siglo XXI nos anima un espíritu de lucha similar al que tenían nuestros congéneres hace 2 siglos.
La propuesta de A. Parada está estructurada de lo general a lo particular; expone el contexto en el que se va a desarrollar la tesis, presenta un panorama de nuestra historia bibliotecaria, muestra cuales fueron los antecedentes de la biblioteca pública, analiza el funcionamiento de la biblioteca de F. Prieto y Pulido, se detiene en el Reglamento que redacta Chorroarín, como así también en el libro de "cargo y data" y en las "razones de gastos", cerrando su estudio con la valoración del breve ensayo escrito por Aguirre y Tejeda en 1812 sobre el fomento de la biblioteca pública. Cada capítulo está respaldado en una abundante y seleccionada bibliografía.
Como ya fue mencionado hay aportes del Dr. Parada que son completamente originales, pero es necesario destacar que no busca hacer borrón y cuenta nueva. Muy por el contrario, rescata y valora las contribuciones de todos aquellos que lo han precedido en el estudio de esta temática, y se muestra deudor de aquellas contribuciones. En un tono medido y seguro no sacraliza ni nombres ni documentos. Toma prudente distancia de los hechos. Las pasiones bibliotecológicas que lo animan están mas presentes en los detalles, en el paratexto, que en la redacción del cuerpo principal de su obra, que jamás pierde su norte. Cada afirmación tiene un sustento, encuentra su correlato documental. No hay ideas sueltas o deshilachadas, haciendo que el todo resulte armonioso, sólido y confiable.
Si una de las quejas más recurrentes que se escuchan entre los bibliotecarios de estos pagos, está relacionada con nuestra falta de investigación y producción documental; el libro de A. Parada viene a paliar, en parte, dicho déficit. En su caso, esta obra es un eslabón más, pero de ningún modo menor, de una larga cadena de libros y artículos relacionados con la historia de la lectura y la bibliografía de nuestros comienzos como Nación.
¿Nos hemos puesto a pensar porque razón los doctorados en Bibliotecología y Documentación pueden contarse con dedos de la mano? ¿No nos ha resonado, aún, ninguna voz de alerta sobre una situación tan anómala, por la escasez?

Los orígenes de la Biblioteca Pública de Buenos Aires : antecedentes, prácticas, gestión y pensamiento bibliotecario durante la Revolución de Mayo (1810-1826) / Alejandro E. Parada. -- Buenos Aires : UBA. FFyL. INIBI, 2009. -- 343 p. -- Prólogo : Las construcciones simbólicas en bibliotecología / Susana Romanos de Tiratel. -- Tesis Doctoral en Bibliotecología y Documentación - UBA. -- ISBN 978-987-1450-49-7

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Sobre los Reglamentos de las Bibliotecas

Me estaba solazando en la lectura -que recomiendo calurosamente- de la tesis de doctorado (UBA) del colega Alejandro Parada, publicada recientemente por el INIBI, bajo el título "Los orígenes de la Biblioteca Pública de Buenos Aires : antecedentes, prácticas, gestión y pensamiento bibliotecario durante la Revolución de Mayo (1810-1826)".
La nota a pie de página de la página 164, hace referencia al Reglamento de uso de la Librería Jesuítica de la ciudad de Córdoba del año 1757, que se transcribe más abajo.
El dato aportado por el Dr. Parada está plenamente corroborado en la p. 124 del Index Librorum Bibliothecae Colegii Maximi Cordubensis Societatis Iesu 1757, cuya edición crítica, filológica y biobibliográfica, estuvo a a cargo del Dr. Alfredo Fraschini, publicado en el año 2003, y que forma parte del Programa Nacional de Bibliografía Colonial de nuestra Biblioteca Nacional. Otro documento, a mi modesto entender, indispensable, para poder comprender nuestro pasado, y para tomar conciencia de la importancia del patrimonio documental que aún nos queda.
Este reglamento fue redactado en latín y sus destinatarios son los bibliotecarios, no los usuarios. Muchas de las indicaciones que figuran en el mismo -mutatis mutandi- podrían ser tomadas como base para la redacción de manuales de procedimiento para aplicar en nuestras bibliotecas. Menciono esto último, siendo plenamente conciente de la aversión que nos produce a los argentinos, el apego a las "normas", en general y en particular.
La versión al castellano citada en el libro de A. Parada fue tomada de: "Córdoba y las librerías de los jesuitas" de Juan B. Echenique, p. xviii-xix. En: Catálogo de la librería jesuítica. Córdoba : UNC, 1943.
Del texto que aparece en el Index (que es el que acompañamos en esta entrada), no figura el traductor, pero podría deducirse que es el propio A. Fraschini, ya que éste es especialista en la lengua de Virgilio. Resta aclarar que, ambas versiones, presentan diferencias mínimas.
Reglas del bibliotecario
1. Que la biblioteca tenga un índice de libros prohibidos para que (el bibliotecario) observe que por casualidad no haya alguno de los prohibidos entre ellos o de aquellos cuyo uso no debe ser común. 2. Que la biblioteca esté cerrada y él mismo tenga las llaves de ella y se las entregue a aquellos que deberán tenerlas con la supervisión del Superior. 3. Que todos los libros se coloquen en la biblioteca en un orden tal que haya un lugar determinado para cada uno de los temas, inscripto con su propio título. 4. Que cada uno de los libros sean señalados exteriormente con sus títulos para que puedan reconocerse fácilmente. 5. Que tenga un catálogo de todos los libros que están en la Casa en orden alfabético según los autores de distintos temas, distribuidos en distintas secciones. 6. En otro catálogo, divididos también los temas por secciones, sean inscriptos aquellos libros que fueron concedidos para uso de los Nuestros fuera de la biblioteca; los cuales se prestan con la obligación de devolverlos verdaderamente dentro de los ocho días, que se anoten en una tabla adherida a la pared para este uso: una vez devueltos los cuales, que se borren los que hayan sido escritos. 7. No entregará ningún libro de la biblioteca a nadie sin permiso especial o general de un superior. Y advierta que nadie se lleve un libro sin que él mismo lo sepa. 8. Que procure que la biblioteca esté bien limpia y arreglada, que la barra dos veces por semana y una vez sacuda el polvo de los libros. También debe cuidar que los libros no sean dañados por la humedad o por otro motivo. 9. Si se prestaran algunos libros acomocacos [sic] fuera de la Casa, que aplique su diligencia para que se recuperen en su momento, y entre tanto anotará en algún lugar cuáles libros son aquellos y a quiénes los entregó.

jueves, 7 de agosto de 2008

Prácticas y Representaciones Bibliográficas

El título, a primera vista, parece pomposo. Sin embargo, los dos libros que se han presentado hasta aquí, en la colección de referencia, responden con creces al nombre de la misma, publicada por la Academia Argentina de Letras.
No es común encontrar en nuestro país instituciones preocupadas por el desarrollo de la bibliografía. De allí que quiera destacar esta iniciativa de la AAL.
El primer título es una compilación del Dr. Alejandro Parada y se titula: "Bibliografía cervantina editada en la Argentina" con un subtítulo muy modesto: una primera aproximación. Sólo que esta "aproximación" [sic] contiene 1786 registros, complementada con un índice de autores y nombres, un índice temático y un anexo de láminas con portadas de distintas obras de Cervantes publicadas en nuestro país.



El segundo volumen de la serie, coeditado por la AAL y el Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas en la Argentina (CeDInCi) es: Martín Fierro : revista ilustrada de crítica y arte (1904-1905), tiene un estudio preliminar e índice bibliográfico de Alejandro V. Minguzzi. La edición se completa con la versión digital completa de la revista en CD Rom.


Un detalle no menor, es que los precios de las publicaciones son accesibles al bolsillo (por lo general, bastante flaco) de los investigadores, bibliotecarios y otras gentes de ese pelaje.